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Vinos para tirar la casa por la ventana

(*) Por Roberto Colmenarejo

 

“El vino es la única obra de arte que puede beberse”.

(Luis Fernando Olaverri, enófilo español).

 

Puede parecer algo frívolo escribir sobre vinos lujosos en un contexto económico difícil como el que nos toca vivir a la mayoría de los argentinos por estos meses. Sin embargo, aunque usualmente prefiero escribir sobre productos accesibles y de precios bastante más acomodados, un par de veces al año me permito la licencia de recomendar algunas de las mejores etiquetas de Argentina.

Si quieren y pueden darse algunos gustitos especiales, aquí van seis vinos para tirar la casa por la ventana:

Susana Balbo Signature White Blend 2015 ($311): De a poco, los vinos blancos de gama alta se van ganando un lugarcito en la preferencia de los consumidores argentinos aún poco acostumbrados a pagar un precio alto por un vino blanco de gran calidad. Este producto puede ser un buen comienzo, ofreciendo un vino a la vez complejo y refrescante. Un original ensamblaje a partes iguales de Torrontés, Semillón y Sauvignon Blanc, todos cosechados en el Valle de Uco. Propone una nariz diáfana y juvenil, con aromas de frutas tropicales (ananá), cítricos, hierbas silvestres y sutiles reminiscencias minerales. Al llevarlo a la boca exhibe entrada amable, cuerpo medio y paso untuoso; redunda en sabores frutales, con jugosa acidez y largo posgusto. Un blanco noble para la mesa festiva, acompañando una buena paella o cazuela de mariscos.

Blanchard & Lurton Gran Vino Blanco 2014 ($380): Otro producto de alto vuelo, fruto de la unión entre dos apasionados por los vinos blancos, el viticultor argentino Andrés Blanchard y el bodeguero francés François Lurton, y que acaba de desembarcar en las góndolas nacionales. Un complejo corte de variedades que incluye 60% de Tocai, 20% de Viognier (fermentado en barricas nuevas con sus hollejos), 10% de Pinot Gris y 10% de Chardonnay; las tres primeras provenientes de fincas ubicadas en la zona de Chacayes (Tunuyán) y el último de Gualtallary (Tupungato). El resultado es un blanco sofisticado, amplio y de gran atractivo, que sorprende por su presencia en boca. Ofrece sutiles fragancias de flores silvestres, frutas blancas (peras, manzanas), miel y leves trazos avainillados, que dan paso a una boca franca y de reminiscencias melosas, con textura “cremosa”, balanceada acidez y dilatada permanencia. Se han hecho poquísimas botellas de esta primera cosecha, así que hay que moverse rápido para conseguir alguna. Otro blanco excepcional para maridar con pescados a la plancha.

Alpamanta Breva Syrah Rosé 2015 ($400): Un vino experimental realmente curioso, que seguramente en breve será comercializado en el mercado doméstico (por ahora es sólo para la exportación). Un producto de edición ultra limitada (apenas 909 botellas), elaborado por la joven bodega biodinámica Alpamanta de Luján de Cuyo (Mendoza). Está
vinificado con la filosofía de la mínima intervención: cosecha manual, fermentación con levaduras naturales en “huevos” de hormigón, reducción en el uso de sulfitos y envasado sin filtrado previo. A la vista se revela de color rosa pálido, apenas turbio. Tiene nítidos aromas frutales (frambuesas, moras) y balsámicos (anís, regaliz), unidos a una boca voluminosa y de textura “rugosa” -por la presencia de las borras-, con fresca acidez y persistencia moderada. ¡Un vino ideal para los enófilos curiosos!

Pascual Toso S.V. Finca Pedregal 2014 ($700): Pascual Toso es una bodega argentina de larguísima tradición que este año cumple 125 años elaborando productos de elevada calidad. Desafortunadamente, sus vinos se ven bastante poco pues la inmensa mayoría se destina al mercado externo (a pesar de ello, algunas pocas botellas quedan en el país y vale la pena buscarlas). Este es a mi entender su vino icónico, fiel al gusto argentino, que exhibe con orgullo lo mejor que puede ofrecer el terruño de Barrancas (Maipú, Mendoza). Un suculento blend compuesto por un 70% de Malbec y un 30% de Cabernet Sauvignon, criado en barricas nuevas durante al menos 18 meses, el primero en roble francés, el segundo en roble americano. Regala una paleta aromática muy compleja, que inunda la copa de recuerdos a frutas rojas (ciruelas, guindas) y negras (cassis, zarzamora), especiados (canela, clavo), balsámicos (eucaliptus, mentol) y discretas notas tostadas. Al probarlo es sabroso y pleno, tiene entrada agradablemente seca y fluidez en el paso, refrenda las sensaciones maduras, con acidez equilibrada y taninos macizos que sostienen una grata permanencia. Una etiqueta perfecta para beber hoy, pero que seguramente ganará con un par de años más de estiba. Vinazo para acompañar el asado con amigos.

Aniello Viña 1932 Trousseau 2014 ($1000): Una perlita absoluta, imprescindible para los eternos buscadores de rarezas. Un vino patagónico único y sorprendente, proveniente de una minúscula parcela de 0,8 hectáreas plantada en el año 1932 en la zona de Mainque (Río Negro), con uvas de la variedad Trousseau, tinta emblemática del Jura francés, donde también se la conoce como Bastardo. Se fermentó con levaduras indígenas en tanques de acero inoxidable, para luego pasar seis meses en barricas usadas. El resultado es un vino ligero y refrescante, que tiene ciertas similitudes estilísticas con el Pinot Noir (aunque no son uvas de la misma familia). Tiene un color violáceo limpio y brillante, aunque de poca intensidad. La nariz regala sensaciones múltiples, donde se entremezclan aromas de flores, especias y tierra mojada. La boca es sabrosa y vibrante, de silueta delgada y paso veloz, confirma sabores terrosos, con marcada acidez, taninos sedosos y moderada permanencia. Sin dudas un producto distintivo e irrepetible, con una cantidad de botellas tan limitada que no será fácil hacerse de alguna, pero que justifica plenamente su precio y el esfuerzo de la búsqueda.

Nicolás Catena Zapata 2011 ($1950): Un vino mendocino realmente soberbio, con un refinamiento y armonía que no tiene nada que envidiarle a los grandes tintos franceses. Un producto de culto, elaborado por la mano sensible y experimentada del enólogo Alejandro Vigil, combinando los mejores lotes de Cabernet Sauvignon y Malbec que obtiene la bodega de sus fincas cada año. Todos los productos que conforman el corte han sido fermentados en barricas de roble francés durante 25-30 días, para lograr la perfecta fusión entre fruta-madera. Luego de este proceso se añejan pacientemente por 24 meses en barricas, para terminar de integrarse luego con otros 24 meses de guarda en botellas. Cuando este noble vino sale al mercado obsequia una complejidad y elegancia inconfundibles, digna de las grandes etiquetas del mundo. La nariz es un poco tímida al comienzo, pero con los minutos se va abriendo por “capas”: primero afloran los aromas de frutas negras y especias (pimienta, clavo), luego suaves tonos ahumados, de café torrado y caramelo, para terminar con ciertas evocaciones terrosas/minerales. Al llevarlo a la boca tiene entrada amable, buen volumen y paso aterciopelado; reafirma sabores frutales y levemente picantes, con acidez perfectamente calibrada, taninos firmes, pero pulidos por la estiba, y una persistencia casi eterna. ¡Una joya de la vitivinicultura nacional, para atesorar en la cava y descorchar en ocasiones muy especiales!

 

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(*) Sommelier y docente – [email protected]

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