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¿Sabías que el vino es mucho más antiguo de lo que se conocía?

En las excavaciones de los sitios arqueológicos de Shulaveris Gora y Gadachrili Gora, ambos en Georgia, se encontró la evidencia más antigua de la elaboración de vino, en fechas tan tempranas como 7900 años a contar de la fecha. Esto es medio milenio antes de la evidencia anterior conocida.

El equipo de arqueólogos del vino, liderado por el profesor Patrick McGovern, conocido como el “Indiana jones de los vinos” según el sitio Decanter.com, lleva algunos años enfocado en el Cáucaso buscando los orígenes de esta bebida. Según el paper publicado en Proceeding of The National Academy of Science de los Estados Unidos, el hallazo se corrobora por los trazos químicos hallados en unas vasijas desenterradas en los sitios arqueológicos. ¿Qué descubrieron? Sales de ácido tartárico, succínico, cítrico y málico, entre otros productos, evidencias claras de que contuvieron fermentos de uva.

En las excavaciones realizadas en Georgia, el equipo de arqueólogos estudió unos 18 fragmentos de vasijas –presumiblemente Qvires típicos de Georgia, las ánforas que luego cubrieron el mundo antiguo– encontradas en el interior de las casas circulares. Todas ellas presentaban restos de los ácidos básicos del vino y están datadas entre 5500 y 5900 años antes de Cristo.

Si bien el hallazgo es de por sí importante, ya que corrobora el origen caucásico del vino, lo más importante de la publicación deriva de otros asuntos sobre los que también se explaya McGovern y su equipo en el paper. Los más destacables, son:

  • La domesticación de la vid. Hacia el año 10.000 antes de Cristo, según la antropología, sucedió algo extraordinario en el universo humano: algunos de nuestros ancestros comenzaron la domesticación de los animales y las plantas. Un proceso que nunca se detuvo desde entonces. Según Felipe Fernández Armesto en su libro Historia de la Comida, esa revolución partió con los antecesores del trigo y los caracoles. La domesticación de la vid es parte de ese gran proceso. 
Sólo que McGovern y su equipo, tiene una pista muy interesante entre manos para buscar los primeros indicios en el Cáucaso: según los estudios de ADN, la vitis vinifera sp, es decir, todas las variedades de vides europeas conocidas, tiene mayor cercanía genética con las vitis sylvestres sp, es decir, las vides silvestres de Anatolia y el Cáucaso. Lo que indicaría que la primera deriva de la segunda y por eso los arquélogos buscan los rastros más antiguos de la domesticación de la vid en la región. Con un plus: la vinífera es hermafrodita. Lo que implica algo importante: fue seleccionada y mejorada respecto a la silvestre, porque daba siempre frutos, dice el trabjao de McGovern.
  • La cantidad vasijas, una especialidad. Pero la investigación va más allá y arriesga una apuesta sugerente. Para McGovern el hecho de que tanto Shulaveris Gora y Gadachrili Gora fuesan aldeas menores, donde vivían unas 50 personas en total, es un dato clave. Según su investigación, las ánforas estudiadas tendrían vino suficiente para toda la aldea y bastante más para cubrir un año. De esta manera, sugiere que se trataría de una aldea especializada en la elaboración de vino y que deberían haber tenido viñas suficientes para esos volúmenes. Es decir: cultivadas ad hoc. Lo que propone es clave: no se trataría de un consumo religioso descripto hasta ahora como origen del vino, sino de “una medicina, un lubricante social, una sustancia que alteraba los estados, un commodity muy valioso” en la época, que en esa época ya elaboraban con excendentes.
  • El viejo truco de la resina. Entre los resultados quimicos de las vasijas llama la atención la ausencia de la resina de pino, tan típica en este tipo de hallazgos. En general, la resina se usaba para saborizar y estabilizar el vino, como un consevante, cuyo moderno pariente son los vinos griegos Retzina. McGovern llama la atención sobre este asunto. Y abre la disción sobre si la técnica era o no conocida o si dominaban la elaboración sin su uso. No hay certezas. Pero es sugerente pensar que hace 80 siglos unos bebedores de vino podía obtener el alcohol suficiente para que el vino no se degradad. Al respecto, los arqueólogos deja abierta la pregunta.

Hace dos años, otro descubrimiento arqueológico sacudió al mundo del vino. En la cueva de Arení, Armenia, también en el Cáucaso, se desentarró la bodega más antigua conocida a al fecha. Datada en unos seis mil años, lo interesante de ese descubrimiento residió en el uso de vacijas enterradas –efectivamente Qvires– y en el método de trasiego que sugerían los canales en el interior de la cueva.

Fuente: www.vinomanos.com

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