El vino argentino, por Atkin y Lavados

El vino argentino, por Atkin y Lavados

enero 11, 2015
Bebidas

 

Algunas sugerencias para la industria vitivinícola local, de parte de dos expertos internacionales

 

Por Alejandro Maglione (*)

Continuando

Resulta que Tim Atkin, uno de los más cotizados catadores del mundo, y Andrés Lavados, CEO del Grupo Santa Rita de Chile, propietario de la bodega Doña Paula de Mendoza, a su vez organizadora del Argentine Terroir Workshop, realizado semanas atrás en la ciudad de Mendoza, fueron dos personajes interesantísimos para charlar con ellos mano a mano y enterarse de sus puntos de vista sobre el negocio del vino en general, y de la Argentina en particular.

En el capítulo “Generalidades” que suele tener toda charla, Tim recordó que Inglaterra es el 2º importador mundial de vino, detrás de Alemania. Calificó a su patria como el mejor banco de pruebas para los exportadores y lo relacionado con la adopción de innovaciones. Considera a Londres, Hong Kong y New York como los centros donde se puede encontrar todo tipo de vinos de calidad.

Continuando con su merodeo parlante, evocó que el consumo promedio de Inglaterra es de 25.9 litros per cápita anualmente, en el marco de un mercado que por los altos impuestos, debe ofrecer vinos con costos muy ajustados. Asimismo, llamó a estar atentos con el crecimiento del consumo de los vinos rosados.

Hablando de Argentina

Tim nos contó que Argentina, ha sido el país que más creció porcentualmente en exportaciones de vino, es el 10º exportador a Inglaterra, teniendo Australia el primer puesto.

El experto elogió el que haya mejorado notablemente la distribución de nuestros vinos en el Reino Unido, entre otras razones, porque varios de nuestros productores abrieron oficinas en Londres para seguir el negocio de forma inmediata. Él percibe que los vinos de nuestro país encuentran una clara preferencia entre los consumidores ingleses de una edad que oscila entre los 24 y 35 años.

Atkin valora que la Argentina sea el único de los denominados países productores del Nuevo Mundo, que tiene una cultura de vino muy antigua. Asimismo, observa que los consumidores de nuestro país se interesan por temas como el origen de los vinos que consumen. Lo sorprendió positivamente ver tanta gente interesada en las calicatas, que son esos análisis de la textura y composición de las tierras de cultivo de las viñas, excavando a profundidades de dos y tres metros. Al visitante de una bodega, hoy es normal llevarlo a los viñedos a mostrarle las características de los suelos donde se cultivan sus viñas.

El salón se puso rumoroso cuando dijo: “Siendo que hoy la Argentina tiene enólogos que son auténticas estrellas internacionales, deberían advertir que ya no precisan estar trayendo asesores del exterior“. Hubo miradas que lo decían todo, sobre todo hablaban de una clamorosa aprobación. Pero fueron solo miradas, el ambiente no estaba para el chichoneo.

No contento con armar un rifi-rafe entre los que lo escuchábamos, se despachó: “Hoy la prioridad es la viña, no el enólogo. El enólogo es un instrumento, como lo puede ser un destornillador”. Marcos Fernández, enólogo de Doña Paula, dio un salto en su asiento como si se hubiera encontrado con una chinche.

Atkin confiesa que ve un giro en la producción nacional hacia vinos con menos madera, menor porcentaje de alcohol y con una dulzura controlada. A él le están impresionando los vinos que vienen de zonas frías, como los que se elaboran con Pinot Noir o Sauvignon Blanc.

“Vendan el país como un todo: los bifes, el tango, los Andes, el Papa y Messi. Y claro, también el Malbec”. Remarcando: “La ‘marca’ Malbec tiene todavía mucho potencial para crecer, no la descuiden. Esto también significa que deben seguir buscando áreas de cultivo hacia todas las direcciones posibles”. Aquí, los mendocinos se acomodaron en sus sillas, que repentinamente se habían vuelto algo incómodas.

“Busquen cortes con más complejidad, sin olvidar un buen balance. Extiendan el rol del Cabernet Sauvignon, y focalícense en un desarrollo más veloz en los vinos orgánicos”. Todos anotaban los consejos prolijamente, y el cierre fue terminante: “Ah, y tengan cuidado de no venderse muy barato”. Los bodegueros se miraban unos a otros, como si el sayo le cupiera al de al lado y no a él.

Andrés Lavados
Fue una charla íntima. Apartada del mundanal ruido. Y este profesional me recordó que su último destino había sido la industria musical, estando radicado en Londres por más de 4 años. Ubicado allí lo sedujeron de Santa Rita para que viniera a conducir a su Chile natal, este complejo asunto del producir y vender vino. Corría el año 2004, y recién el año pasado se hizo cargo de la Gerencia General de la operación.

“Éramos una bodega tímida, que no se mostraba al mercado de acuerdo al potencial que tenía” -me dijo-. “Pero ahora estamos enfocando el negocio con puntos de vista que no son habituales en nuestro mercado, como es el de dar servicio al consumidor, remarcando la información acerca de lo distinto del vino según el terroir en que ha sido elaborado”.

“A veces se piensa que cuando la gestión está en manos de profesionales, se tiende a alcanzar una mayor eficiencia, sacrificando la calidad del producto. Me he preocupado de que éste no sea nuestro caso”. Confidencia.

Andrés mira con cierta envidia lo que él percibe como una mayor fraternidad entre los productores argentinos. Según él la percepción se funda en las varias organizaciones en que se nuclean los viticultores y bodegas argentinos. Aunque tiene la sensación de que Chile se encuentra firmemente en un rumbo semejante, para bien de su industria.

Él también imagina una mayor cooperación entre Chile y Argentina. Su frase fue: “Los países están por encima de sus marcas”.

Me informó que la accionista del grupo es la Fundación Claro, que creara el chileno mecenas de las artes, Ricardo Claro. Al mismo tiempo me aseguró que su convicción es de que el intercambiar funcionarios de las empresas de cada lado de la cordillera, tiene un positivo efecto sinérgico. También contó que fue Doña Paula de las primeras bodegas en instalarse en la región de Gualtallary, cuando poco se la conocía.

Santa Rita en Chile es muy visitada por turistas, que en un 50% son brasileros. Éstos, además, son buenos compradores de sus vinos, porque de cada visita resulta un promedio de compra de dos botellas por visitante, contabilizando también a los niños.

Al ver que bajo el paraguas de Santa Rita se cobijan varias empresas del sector, opina que las mismas deben tener una gestión independiente una de otras. A lo sumo, Andrés piensa que de tanto en tanto hay que hacer que se reúnan los comerciales o los expertos industriales de cada una, y compartir la información que pueda ayudar a las otras a mejorar su performance.

Conclusión
Dos charlas interesantísimas. Dos personajes de la industria con una experiencia individual que fue un privilegio poder compartir. A todos los que participamos del Argentine Terroir nos quedó la misma impresión. Es una reunión para repetir periódicamente, aún cuando haya que hacer el sacrificio de despacharse 27 vinos de los más diferentes terroirs de la Argentina y del mundo. Todo sacrificio es poco, cuando de formarse e informarse mejor se trata. ¡Gracias Tim y Andrés por su tiempo, y la generosidad de compartirlo con nosotros!

(*) Nota de Alejandro Maglione para ConexiónBrando
amaglione@lanacion.com.ar / @MaglioneSibaris 

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