Segundo día de aperitivos en Milán

noviembre 15, 2015
Noticias Generales

 

El viaje de los ganadores de #Mapa14 continúa. Estuvimos en Milán y visitamos el Camaprino Bar, Expo Milano y mucho, mucho más.

 

Por Nicolás Marchetti (*)

El segundo día en Milano empezó con un tremendo desayuno en el que no desperdiciamos prosciutto, mortadela, bocconcinos ni Nutella. Tomamos un par de cafés y salimos a ganar la calle. Llovía mucho, así que negociando con unos chicos africanos que vendían chucherías compramos paraguas multicolores (esos que nadie quiere) a 3 Euros.

Duraron poco pero nos ayudaron a no mojarnos tanto mientras hacíamos la cola para entrar a la catedral, que es realmente impactante. La construcción de il Duomo tomó más de 500 años desde su inicio en 1386. Es la cuarta catedral más grande del mundo y está adornada con 135 torres y más de 3.400 estatuas, muchas de las cuales pueden verse a la perfección desde las terrazas.

Luego visitamos los museos de la catedral y encaramos bajo la lluvia hacia el Castello Sforzesco (Castillo de Los Sforza) por la vía Orefici, una calle en donde proliferan bares, restaurantes y locales de ropa. Otra vez “los crotos” (así nos autodenominamos los ganadores de #Mapa14)  sorprendiéndose del look y del glamour de la gente en la vida cotidiana de Milán. Anoche había sido el lanzamiento de la fashion week, ok, era una noche especial, pero al otro día la cosa seguía igual. Acá la gente parece salida de las revistas de moda, todos los días.

Antes del castillo chequeamos mails en una zona con wi fi gratis y decidimos almorzar antes de seguir. Frenamos en un restaurante muy lindo, el Caffe Sforzesco Bistrot, que tiene mesas en la calle. Esta vez, por el día de lluvia, había dispuesto una carpa blanca que las cubría. Está en Vía Dante y es un lugar turístico pero para recomendar tranquilamente. Se come bien.

Probamos Risotto milanés (con azafrán), papardelle a  la bolognesa, spaghetti a la carbonara (huevo y panceta) y spaghetti con porcini freschi (hongos frescos deliciosos); pedimos una copa de vino tinto y miramos la gente pasar. Escuchando la lluvia tuvimos un almuerzo glorioso, inolvidable, aromáticamente perfecto cuando por fin tomé el primer café del viaje, hermosa sensación que nunca olvidaré.

Pedí un expresso, me trajeron dos dedos del mejor café del mundo. Lo que aquí en Córdoba se sirve como un ristretto, allá es todo el expreso. Es un café para tomar rápido, de dos o tres sorbos tan intensos que por un rato bien largo no podés dejar de recordarlo. A pocas semanas de haber regresado, definitivamente el café y el helado son lo que más extraño de Italia.

El Castillo
Ver castillos y grandes puertas entradas a las ciudades es algo común en Europa, pero para nosotros es un flash. Este Castello Sforzesco se encuentra en el casco antiguo de Milán y actualmente alberga un museo de arte (había muestras de Da Vinci y Michelangelo). La construcción original en el lugar comenzó en 1450. Dimos una vueltita y entramos a un puesto de información sobre Expo Milano.

Era tan grosso el puesto que uno de nosotros preguntó si la feria era allí mismo. Pero no, era un centro de información para ir a esta feria que se comunicaba en todo Italia, era como el mundial de fútbol pero de una exposición cuyo tema primordial esta vez era… la alimentación. Así que allá fuimos los cinco. Peeero, antes hicimos nuestra parada prometida en el Camparino Bar, el bar emblemático de Campari en un lugar estelar de la galería Vitorio Emanuelle, frente a la plaza de Il Duomo.

Pedimos nuestros aperitivos (Americanos, Sbagliatos y Campari Orange a 13-14 Euros), los acompañamos con aceitunas, papitas fritas y unos bizcochos salados exquisitos, y hablamos con los mozos, que no eran muy simpáticos hasta que les explicamos que estábamos enamorados de su bar, su barra, sus bebidas y su trabajo.

En un momento quiero ir al baño y había que hacerlo en ascensor hasta el subsuelo, debajo de la galería Vittorio Emanuelle. Bajamos y la sorpresa era que no había inodoro ni mingitorio, sino una letrina 2.0: cuando te dabas la vuelta el sensor disparaba el agua.

Antes de ir a Expo Milano pasamos por el hotel, nos bañamos, nos pusimos ropa seca y antes de tomar el subte en Il Duomo pudimos ver una imagen celestial: ¡tremendo arco iris sobre las cúpulas! La lluvia se iba y nos dejaba una gran postal para el recuerdo.

Expo Milano
Expo Milán 2015 fue una exposición con fuerte repercusión global, organizada por el Bureau Internacional de Exposiciones (BIE), que es una agrupación que realiza encuentros cada cinco años que se extienden durante seis meses con el objetivo de profundizar los intercambios culturales.

Esta Expo Milano 2015 se desarrolló entre el 1 de mayo y el 31 de octubre y contó con la participación de 145 países, tres organizaciones internacionales, 13 organizaciones de la sociedad civil y cinco pabellones corporativos. Fue una verdadera exposición global que puso en agenda un tema central para el futuro de un planeta.

La feria, promocionada en todos lados (vía pública, shoppings, colectivos, trenes, aeropuertos, ¡hasta los sobres de azúcar de los bares estaba!) tuvo como 20 millones de visitantes. En un predio de un millón de metros cuadrados se afrontó el desafío de hablar de la comida, de la alimentación y de cómo alimentar al planeta con soluciones innovadoras y sustentables.

Resumiendo y bajándolo a tierra, era como la Fiesta de las Colectividades de Alta Gracia pero hecha con el presupuesto del Real Madrid. Había una instalación artística descomunal al ingreso, que hablaba de la cantidad de desechos que se generan en el mundo a partir de la comida. Impactaba, te daba un cross a la mandíbula: millones de personas no tienen qué comer y los ricos de este planeta tiramos el 30 por ciento de lo que compramos, ¡sin consumirlo!

Ese ingreso generaba mucha expectativa conceptual, pero después la feria se desinflaba un poco. En lugar de carpas como en Alta Gracia, la Expo tenía a cada país en edificios especialmente construidos para la feria a los costados de una gran calle principal y algunas secundarias. Así como suena, una cosa increíble, una ciudad hecha para la feria, con edificios súper modernos e innovadores, algunos eran tan alucinantes como la cancha de Bayer Munich pero, como era de temer, en ninguna feria se come realmente bien y los puestos de comida perdían adentro el glamour que tenían por fuera.

La carpa argentina era una lágrima, despachaba vinos, cervezas, empanadas y carnes a la parrilla (a gas) que estaban marcadas y por lo que se veía, no estaban muy bien trabajadas en el fuego. La instalación artística en nuestra carpa hacía referencia al maíz argentino, grano que si bien es importante no es protagonista de nuestra alimentación en absoluto. No se entendía bien por qué lo habían elegido. Parecía que lo habían comprado en una barata.

Dimos la vuelta entera por el predio y nos gustó cómo lucía la comida en la carpa austríaca, a donde probamos Páprika Hendl, que es un rico y especiado pollo con verduras, acompañado de un exquisito pan. Comimos parados y a la salida de “la carpa” disfrutamos la instalación de la casa, contemplado las diferentes variedades de árboles y plantas de los bosques austríacos. Una locura del primer mundo.

Vamos a Navigli

Después de eso, como siempre tarde, salimos en subte hacia la zona gastronómica de Navigli,  con el firme objetivo de hacer una apericena pero a la hora que llegamos, pasadas las 23, ya no había gente en ningún lado, aquí todo empieza a media tarde, tipo 18, y a las 23 sólo quedan los borrachines.

Navigli es una zona hermosa de canales y bares, pero el único que estaba abierto era un pizza kebab que, con toda su mala onda (ya estaba cerrando), el señor que atendía nos hizo un par de sándwiches que acompañamos con cervezas heladas. A orillas del agua, con la última reserva de energía, comimos muy bien (por 5 Euros) y con buena charla de mis compañeros de ruta: Facundo Tochi, Federico Schneidewind, Matías Dana y Mariano Ramírez.

Luego de eso, pedimos el postre en el local de al lado, la heladería Orso Bianco, a donde por 2.50 Euros tomamos dos sublimes bochas de helado (chocolate y frutilla en mi caso). Caminamos un rato por la madrugada de Milán, tomamos un taxi y nos fuimos a dormir porque al otro día partíamos rumbo a Torino.

No pudimos hacer todo lo que se puede hacer en una ciudad como Milán, pero en dos días no paramos un minuto. Transpiramos la camiseta y nos fuimos al hotel sabiendo que habíamos dejado todo en la cancha. Italia y su ruta del aperitivo estaban siendo nuestras.

(*) Director de Circuito Gastronómico.

Si querés leer la crónica del primer día en Italia (en Milano), hacé clic acá.

No te pierdas la galería de fotos del segundo día en Italia:

 

 

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