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Notas Vínicas: Un vino para seguir aprendiendo

Por Valentina Livolsi (*)

Dentro de todo este desmadre pandémico, de altibajos y encierro, la vida me presentó oportunidades que por suerte pude vivir. Encontrar algo de belleza dentro del caos siempre es una suerte. En este caso, valoro mucho la oportunidad de poder seguir formándome

Siempre me gustó la Enología, pero siempre se me hizo complicado poder estudiarla. ¿Razones? La distancia, mudarse, a veces no alcanza, alquileres, y así, un maremagnum de cuestiones que no lo permitieron. Por suerte, en aquel entonces llegaron las Letras y llegó el vino de lleno a mi vida. Más tarde, llegó la carrera de sommelier. Diferentes momentos y posibilidades que no dudé en aprovechar y fusionar.

Este año atípico trajo consigo la noticia de poder estudiar una Diplomatura en Enología y Gestión de Bodegas, dictada por Winexperts, cursando desde casa y durante todo el año. Gracias al recordatorio de Alberto Rosa y las gestiones extratemporales de Walter Sinay para poder inscribirme (dos productores vitivinícolas cordobeses a quienes admiro mucho) acá estamos, se armó un equipo genial y con un ondón tremendo entre todos los que formamos parte.

Winexperts, una Institución con mira en la especialización del sector vitivinícola

Creada por Alejandra Bidaseca, fundadora, CEO, quien además es licenciada en Comercio Internacional y recientemente fue nombrada Gerente del Consorcio de Exportación de Bonarda por la Fundación ICBC, Promendoza y la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, esta academia ofrece diplomaturas universitarias, master class, cursos y talleres que cuentan con la certificación oficial de la importante entidad universitaria Escuela Argentina de Negocios. Cuenta también con el apoyo de la Academia Argentina de la Vid y el Vino, y el aval de  Bodegas de Argentina y Wine in Moderation Argentina. 

Lindo backup, ¿no? Se suman colaboradores y docentes del calibre de Michel Rolland, Carlos Catania, Carlos Tizio, Marcelo Pelleriti, Carola Tizio, Gabriela Celeste, Juan Giacalone y José Seballe, entre muchos otros.

Buscan brindar a sus alumnos servicios de calidad con un excelente nivel de capacitación y formación que colaboren con el progreso del sector vitivinícola. Sus programas son un sistema de aprendizaje y trabajo integrado que vincula a los estudiantes, a los académicos, a las bodegas y al consumidor, logrando así el objetivo de esta escuela.

Podés estudiar cualquiera de sus carreras, ser parte de sus talleres y master class siendo  profesional del vino o porque tu curiosidad así lo quiere. Hay diplomaturas, especializaciones y cursos. De todo, para todos y de calidad. Además, todas las certificaciones emitidas por la Escuela Argentina de Negocios pueden obtener reconocimiento internacional mediante la Apostilla de la Haya. 

Las clases, los profes, los vinos… 

Claramente, las clases se dictan de manera virtual. Hay lugar para el debate, las preguntas, horas de charlas… ¡Me encanta! Además, contamos con material bibliográfico en el aula virtual para seguir informándonos. Hay viajes organizados a Mendoza para hacer prácticas, foros donde estamos en contacto con alumnos y compañeros de muchos países del mundo para descubrir oportunidades de negocio. 

¿Los temas desarrollados? Hasta ahora, desde manejo del viñedo, etapas de la uva, vinificaciones, establecimientos vitivinícolas, Viejo Mundo I y II. Todavía nos queda medio año y no puedo esperar a seguir estudiando. 

Coronamos cada semana, en la última hora, con una clase de cata. En manos de dos grandes sommeliers como Juan Giacalone y José Seballe, analizamos los vinos elegidos (todas las semanas un varietal diferente), debatimos, descubrimos, nos dejamos sorprender. Además de la clase práctica, tenemos dentro de ella todo un soporte teórico. 

Particularmente esta semana nos tocó el varietal Carmenere, cepa poco conocida pero muy sorprendente cuando se tiene el gusto de dejarse conquistar por sus bondades. 

A por ello entonces.

La etiqueta elegida.

La Carmenere

La Carmenere, esa “francesita perdida”, era principalmente plantada en el Mèdoc donde aún, si bien se encuentra casi extinta en esa zona, se la usa para un coupage poco conocido con Petit-Verdot.

Su nombre proviene de la palabra francesa haciendo referencia al color carmín, color que toman sus hojas en otoño. 

Allá por 1860 y debido a un ataque de filoxera, la Carmenere desaparece de Francia. Poco a poco, es nuevamente descubierta en Chile, gracias a un exhaustivo trabajo de especialistas en el campo que lograron diferenciarla de la Merlot y la Cabernet Sauvignon. Actualmente, Chile cuenta con 10.766 hectáreas plantadas. 

Aquí, es también conocida como Merlot Selection o Merlot Peumal (en relación al Valle de Peumo). 

Fue reconocida como una variedad diferente en 1998. Hoy, la Carmenere crece en su mayoría en el Valle de Colchagua y la provincia de Maipo

Esta uva también se encuentra en las zonas italianas del Véneto y Friuli Venecia – Julia. También puede encontrarse en pequeñas cantidades en California y Walla Walla (Washington), en Estados Unidos

The Chosen One: Callejón de las Brujas Carmenere 2020 Bodega Cielo y Tierra

La bodega Cielo y Tierra, ubicada en Ugarteche (Luján de Cuyo) y creada por el músico multipremiado y referente internacional Gustavo Santaolalla, fomenta la idea de crear vinos que reflejen en él la dedicación y la pasión que se han puesto para lograrlos. 

Defienden y celebran la idea de compartir el vino con la familia, los amigos, una rica comida y relacionar todo esto con el bienestar físico y emocional. 

Gustavo cuenta que eligió Mendoza para este proyecto no solo por las cualidades de su suelo y todas sus características únicas, sino porque su geografía simboliza el cielo acá en la tierra

Arte, música, alquimia… Todo se conecta. Todo se respeta, desde las manos que intervienen hasta las manos que alzan la copa para probar estos vinos. 

Existe un pasaje aún secreto llamado Lunlunta, conocido por quienes en esas tierras habitan como el “Callejón de las Brujas”. Es aquí donde nace esta línea tan particular de vinos, donde la luna, los rituales y la identidad propia se unieron para que hoy podamos disfrutar de este Carmenere divino, que la verdad, me dejó sin palabras. 

Por el momento, puedo dejarles estas: 

En vista, es brillante y limpio, de un color rojo rubí con destellos violáceos que encanta desde el primer momento. Muy perfumado, de gran intensidad y prolijo.

En boca, tiene una entrada un poco dulzona, sus taninos son prolijos y elegantes, el alcohol está muy bien integrado a la totalidad. 

Sorprende con sus notas a cerezas, ciruelas, mucho pimiento, higos. Con el paso de los minutos aparecen, de forma muy sutil, aromas a café, especias, algo de tabaco muy en el fondo. Algo de manteca aportado por la fermentación maloláctica. No tiene paso por madera

Una locura, no podía dejar de tomarlo. Me gustó tanto, que no llegó a las fotos. 

Lo recomiendo firmemente para acompañar los libros, los resúmenes y para el dolce far niente también. Si pueden hacerse un tiempo y meterle onda a las restricciones, prueben esta belleza. Sirve por todos lados. 

¡Salud!

(*) Sommelier

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