Mendoza otra vez: 6º Premium Tasting

Por Alejandro Maglione (*)

Sin sorpresas. Pareciera que después del golazo que significó la organización del Concurso Mundial de Sommeliers, realizado en Mendoza un par de meses atrás, poco o nada podía sorprendernos sobre la capacidad de los mendocinos de organizar actividades World Class, es decir, de un nivel tal que se podría haber montado en cualquier parte del mundo.

En este caso, Nicolás Aleman y los suyos montaron el 6º Premium Tasting de manera perfecta. Posiblemente los que trabajaron detrás del escenario estén repletos de anécdotas de cosas que pasaron, pero para los que estábamos en el inmenso salón, cómodamente sentados en nuestros lugares, todo resultó perfecto.

Nivel de asistencia. Quizás no estuvieran todos los que son, pero en los 400 que dijeron presente, estaban casi todos los que importan en el mundo del vino. Es odioso hacer un listado parcial, pero no puedo dejar de señalar haber visto a Eduardo López, Hervé Birnie-Scott y su nuevo escudero Philippe Moureau, Susana Balbo, José Luis Mounier, Pepe Galante, todos los hermanos Michelini avocados al vino, Sebastián Zuccardi, Walter Bressia, Mariano di Paola, Marcelo Mira, Alejandro Sejanovich, Gonzalo Carrasco, Matías Riccitelli, Raúl y Álvaro Dávalos, Roberto Cipresso, Estela Perinetti, Roberto de la Mota, el periodista Mariano Braga, Felipe Toso, venido de Chile; en fin, fue imposible mirar en alguna dirección y no encontrarse con una figura representativa de nuestra bebida nacional.

Y en el estrado ni les cuento: el historiador Felipe Pigna, el periodista Joaquín Hidalgo, José Pepe Zuccardi, Alejandro Vigil, Martín Kaiser, entre otros. Actuando como coordinadores Paz Levinson -con su cabello suelto, que la hace todavía más joven- Aldo Graziani -con su cabello suelto y rizado que lo hace todavía más de los ’70- y Patricio Tapia -que no tiene problemas de cabello-.

La danza. Hacer el servicio de unas dos mil copas, teniendo en cuenta que eran de cuatro a cinco copas por ronda -los técnicos les dicen flights-, servirlas, colaborar a vaciarlas, rellenarlas con los siguientes vinos, atender la provisión de agua -uno de los secretos de los catadores es beber mucha agua mientras hacen su trabajo-, todo eso estuvo a cargo de un equipo del Hotel Intercontinental que dirigió su sommelier Rodrigo Kohn. Este entrar y salir de gente de manera constante, recorriendo las mesas sin molestar nunca a nadie, fue como una danza perfectamente coordinada.

La selección de los vinos. Tema complicado, sospechable, etcétera. Pero Nicolás trata de que la cosa sea lo más transparente posible. Comienza por establecer que serán parte de la cata los vinos que hayan obtenido más de 92 puntos de acreditados evaluadores (ya sé, soy de los que no tienen simpatía por el sistema de puntajes, pero por algún lado hay que comenzar.). Luego invita a las bodegas que lo deseen a que envíen sus muestras. La selección es el paso siguiente si las muestras superan las 35 deseables. Las seleccionadas son catadas botella por botella por los integrantes de cada panel. Se cata a botella tapada, es decir que no se conoce hasta el final de cada ronda, que vinos fueron los que se probaron. Incluso sucede que los mismos integrantes del panel desconocen que vinos fueron los que probaron los otros.

La cata. Se desarrolla en medio de un murmullo constante. Todos miran alrededor, al costado, adelante, atrás, para ver que opina la mayoría sobre qué cepa es la de tal o cual varietal, y cuando se trata de un corte hecho con varias cepas, se trata saber de dónde es el vino, y si hay coraje, hasta la marca. ¿Por qué es esto? Porque la cata a ciegas no es para nada fácil para nadie. Personalmente miré atentamente las notas de Lorena Cepparo de Terrazas de los Andes. ¡Qué nariz la de esta moza!

Hace un tiempo leí un comentario del periodista francés, Bernard Pívot, que hace mucho tiempo atrás había invitado a su programa de televisión al padre de muchos enólogos, Émile Peynaud. A la hora de despedirlo lo invitó con una copa de vino, Peynaud lo bebió y expresó que se trataba de un «vinito»..El conductor terminó el programa sin comentarios y Peynaud, ya fuera del aire, se quiso morir cuando se enteró que era uno de los mejores Grand Cru de Burdeos.

Entonces, continuando, le decía que todos hablamos con todos. Se llega a una suerte de consenso, y cuando se destapaban las botellas, los desaciertos compartidos siempre se hicieron más llevaderos.Y desacertaban dignísimos herederos de Peynaud, ¿eh? No los chichipíos.

Las descripciones. Confieso tener cierta pasión por escuchar a los enólogos, periodistas experimentados o supuestamente experimentados, sommeliers, falsos y falsas sommeliers, comedidos varios, cuando le ponen adjetivos o simplemente describen el vino. Decir «me gusta», es como una herejía. Hay que dejarse llevar por gongorismos etílicos y quedarse convencido de que ha hecho un gran papel opinando.

Veamos ejemplos. Importantísimo expositor, puso en su power point una maceta con violetas de los alpes, para ejemplificar el aroma de violetas presente en tal o cual vino. No hubo forma de convencerlo de que sus colegas más viejos cuando hablan de aroma de violetas, se refieren a las violetas azules.Así que maceteó toda la charla.

Cuando la ocasión pintó, algunos encontraron «notas animales». Otros les respondieron con que estaban clarísimamente presentes el maracuyá y la guayaba (¿se imagina un vino con esas presencias.? Sin duda, de haber sido cierto, hubiera habido que colgar al que le había puesto 92 puntos a un vino con sabor a jugo tomado en una playa brasilera).

Alguien exhortó a evitar los «vinos maquillados». Otro dijo: «¡este es un vino bebible y piletero!», luego supimos que se había fermentado en los redescubiertos huevos de cemento, ni un minuto de pileta.

Allí me enteré que los vinos pueden ser «más largos que anchos» y que pueden contener «granulos cremosos». Alguien percibió que un vino «estaba crocante, como para masticarlo.». De un mismo vino alguien dijo: «es una nueva mirada, pero me incomoda.». (¿Se imagina un vino incómodo? Da pie para que diga en su casa: «Vieja hoy los ravioles te salieron incómodos..»).

No faltó el que dijera: «tiene como un pilar y una viga que van a la boca.». Silenciado este arquitecto, salió el que retrucó «tiene músculo y hueso». Alguien que no se amilanó, usó munición gruesa con el carnicero: «me gustó la tensión y la longitud». Uno que estaba como agazapado, completó: «tiene más longitud que gordura. Y se va para diferentes partes.». Para los desconfiados, son citas textuales y grabadas.

Las bodegas. Los vinos que merecieron semejantes elogios pertenecían a las bodegas Cheval des Andes, Catena Zapata, Zuccardi, Viña Cobos, Teho, Lagarde, Achaval Ferrer, Trapiche, Altavista, Tinto Negro, Chaman Wines, Tikal, Super Uco, Pulenta Estate, Aleanna, Rutini Wines, Bressia, Tacuil, Riccitelli Wines, Susana Balbo Wines, Gen del Alma, Mendel, Salentein, Noemia, Passionate Wine, Luca Wines, Matervini, Zorzal Wines, Casarena, Trivento, Altos Las Hormigas y Piedra Negra.

Redondeando. Se puede decir que fue un privilegio participar de esta verdadera fiesta para los afortunados paladares que pasamos dos días mimándonos con estos caldos privilegiados. Nicolás ya anunció que en noviembre se viene la edición para Buenos Aires. Será para no perdérsela, porque bromas aparte, todos salimos habiendo aprendido mucho de esta experiencia. Mendoza sigue jugando en primera, sin duda.

 

(*) Nota de Alejandro Maglione para ConexiónBrando

[email protected] / @MaglioneSibaris

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