¿Cuánto sabés de la bonarda argentina?

Por Alejandro Iglesias para https://vinomanos.com/

La Bonarda Argentina es un varietal al que no le cuesta lucirse con buenos resultados, aunque quizás le es difícil hacerse ver. A la sombra del Malbec y otras cepas trendy, nunca deja sorprendernos. Y a contramano de otros varietales, siempre mantiene su performance excelente en cuanto a precio-calidad.

Sin embargo, conocemos poco sobre su realidad. A continuación, algunos elementos que conviene tener en mente para beber mejor.

Origen de la Bonarda

Envuelta en una larga confusión que fue desentrañada en 2009, Bonarda es una uva de origen francés conocida en la zona de la Savoia, al pie de Los Alpes, como Corbeau Noir. En nuestro país estuvo mezclada entre las uvas francesas hasta que fue llamada con el nombre de unas variedades italianas piamontesas, las Bonardas. El entuerto fue finalmente resuelto por medio de estudios de ADN y hoy la legislación internacional acepta Bonarda o Bonarda Argentina como un sinónimo de la variedad francesa.

En nuestro mercado, sin embargo, nadie le cambió el nombre a una variedad que es clásica. Y la bebemos mucho aunque no lo sepamos.

Donde se la cultiva

Para interpretar los resultados del presente hay que saber dónde estamos parados, o plantados en este caso. Según datos del INV de la cosecha 2019, Mendoza tiene la mayoría abrumadora en materia de superficie cultivada de esta cepa en la Argentina, con un 83% y 15.412 hectáreas. Le siguen San Juan con 12% y 2.281 ha, y La Rioja, con 3% y 630 ha. En el resto del país, apenas un 2% y 192 ha.

En total, alcanza las 18.518 hectáreas, convirtiéndose en la segunda variedad tinta más plantada. Sólo la supera el Malbec que, a modo de referencia, llega a las 44.000 hectáreas.

Si, a su vez, ponemos la lupa sobre los departamentos de Mendoza en los que la Bonarda está presente, encontramos que los tres líderes son San Martín, con casi el 25% del total provincial y 3777 hectáreas, seguido por Lavalle (14% y 2189 ha) y Rivadavia (12% y 1868 ha).

Ahora bien, si buscamos los viñedos más antiguos, el orden difiere un poco: de las 4641 hectáreas provinciales de Bonarda con más de 40 años, San Martín ocupa la pole position de nuevo con 1118 pero lo escoltan Rivadavia con 607, San Rafael con 593 y Lavalle con 536.

¿Qué gusto tiene?

En las generales de la ley la Bonarda es una variedad productiva, que aún cuando rinde muchos kilos, da buen color y perfil de aromas. Por eso se la usó históricamente para vinos de venta masiva y de corte. Pero es más que eso. Cuando madura bien se distingue por un marcado aroma frutal y un siempre presente trazo herbal, como si fuese frambuesa con menta. Al paladar, si no está exigida –en términos de madera o sobre extracción– da un tinto suelto, cordial, donde los taninos y la frescura son un dato menor y el gran cuerpo, en cambio, es la regla. Hay, sin embargo, Bonarda Argentina de zonas frías y altas que resultan más apretadas en taninos, más verdes que frutales y con frescura más marcada.

La era del aggiornamiento

Mientras que a principios de 2000 exponentes como Nieto Senetiner Bonarda Limited Edition ($1540) nos hacían pensar que se convertiría en una apuesta de alta gama, fue de la mano de vinos como Colonia las Liebres ($540) que se mantuvo en el top of mind de muchos consumidores. Entre ellos, unos cuantos fundamentalistas que más tarde se enamoraron de la Bonarda Pura ($660) de maceración carbónica de Matías Michelini, o bien de la curiosa versión de Cara Sur Bonarda ($1150), elaborada con uvas de Barreal, San Juan.

Pero más allá de estos ejemplos que aggiornaron la imagen y sabor de la Bonarda ayudando a que no salga del radar, numerosos productores como los hermanos Durigutti, Zuccardi, Dante Robino, Alfredo Roca o Las Perdices mantuvieron constante la oferta de vinos fieles al perfil del varietal y al paladar de sus seguidores.

Ahora, el terroir

Como muchas otras variedades, la Bonarda Argentina dio sobradas muestras de su adaptabilidad a diferentes terruños. Sin embargo, son pocos los productores dispuestos a elaborarla a partir de diferentes zonas, como sí sucede con el Malbec.

Si te genera curiosidad saber cómo responde la Bonarda a distintas regiones, deberías buscar la trilogía que Roberto González elaboró para Nieto Senetiner ($900, precio por botella) con uvas de Agrelo (Luján de Cuyo), Tupungato (Valle de Uco) y Lavalle (zona Este de Mendoza). Es un exquisito recorrido que permite disfrutar los matices del varietal de acuerdo al lugar. Alejandro Vigil hizo lo propio en su edición especial El Enemigo Single Vineyard ($1900, precio por botella) para la que utiliza uvas de cuatro longevos viñedos del Este mendocino: El Mirador y Los Paraísos de Rivadavia, El Barranco de Junín y La Esperanza de San Martín. Cuatro curiosas etiquetas nacidas de una investigación genética y de suelos.

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