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Reseña del Wine Tour Las Perdices 2015

(*) Por Roberto Colmenarejo

El pasado jueves 24 de septiembre estuvimos en el Wine Tour del Hotel Sheraton junto a la Bodega Las Perdices. De la mano de su gerente comercial para la zona interior, Daniel Márquez, la joven bodega mendocina presentó nuevas añadas de sus etiquetas clásicas.

La recepción comenzó pasadas las 21.30, con unos aperitivos en forma de “delicias saladas”, y se lucieron los frescos shot de berenjenas ahumadas con tomates secos. Asociado a estos bocadillos se sirvió Las Perdices Extra Brut ($160), un espumoso método champenoise (80% Chardonnay – 20% Pinot Noir) muy fresco, frutal y de “perlage” delicado; que acompañó discretamente y preparó el camino para los ricos vinos que vendrían luego.

Luego de los aperitivos, pasamos a las mesas dispuestos a regocijarnos con los creativos platos del chef Emiliano Toledo Arévalo y su equipo. Como siempre, la selección de panes caseros fue una incitación difícil de evitar, así que los probamos inmediatamente.

Ya cómodamente sentados, arrancamos con el primer tiempo que fue un “tiradito de salmón y atún rojo”, una preparación de inspiración nikkei, muy liviana y sutil (pero un poquito sosa). Para acompañar este paso del menú se ofreció el clásico Las Perdices Viognier 2013 ($99), un blanco que recuerdo de nariz fragante y boca jugosa, pero que en este caso estaba bastante apagado por la edad (hubiera sido un excelente momento para presentar la nueva cosecha). A pesar de lo mencionado, la combinación plato-vino fue realmente atinada.

La cena continuó con un “magret de pato con su paté y peras asadas”, un soberbio plato de inspiración francesa con un contrapunto agridulce, un paté exquisito y el ave en una impecable cocción “saignant”. Para escoltar este segundo paso se sirvió otro clásico de la bodega, Las Perdices Reserva Don Juan 2012 ($260). Un tinto de corte con amplia base Malbec, más pequeños aportes de Syrah, Bonarda y Merlot. De nariz profunda y seductora; sobresalen aromas de frutas negras confitadas, especias dulces y delicadas notas tostadas y avainilladas aportadas por sus 18 meses en roble. En la boca es sabroso, seco y de buena estructura, con balanceada acidez, taninos bruñidos -por la moderada estiba en botellas- y larga persistencia. Si bien ambos productos por separado fueron excelentes, el maridaje no me pareció tan acertado pues la potencia del vino no permitió que se lucieran los sutiles matices de la comida.

El tercer tiempo fue un “cordero braseado, molleja crocante y crema de morcillas”, un principal contundente con la carne del cordero en un excelente punto de cocción y un suave picor en el acompañamiento ¡Notable preparación! Para este plato de sabores rotundos se eligió un vino muy acorde, Las Perdices Ala Colorada Cabernet Franc 2013 ($220). Un tinto de excelente tipicidad varietal, con aromas generosos y complejos que van desde los piracínicos netos -morrón verde y rojo- hasta las especias, pasando por algunos trazos frutales maduros e incluso terrosos. La entrada en boca es veloz y fluida a pesar de su amplitud y volumen, redunda en sensaciones herbales y picantes, tiene acidez equilibrada, taninos pulidos -a pesar de su relativa juventud- y una grata permanencia. Aquí la armonía funcionó de maravillas, pues las intensidades del plato y del vino se acompañaron sin superponerse ¡Delicioso!

Finalmente, el postre fue una “tarta de frutas caramelizada”. Un postre elegante, fresco y para nada empalagoso; con las frutas finamente fileteadas sobre una sedosa salsa diplomata. Sin dudas, epílogo perfecto para una gran cena. Aquí se disfrutó del vino Las Perdices Viognier Tardío 2014 ($120), un blanco joven e intensamente aromático -miel, duraznos en almíbar, piel de cítricos-, que regala una boca veloz, de dulzor moderado y acidez vivaz. Otro acierto en el maridaje, con el vino contrapesando sabiamente la dulzura del postre y refrescando la boca luego de tantas exquisiteces.      

La velada culminó con los ya tradicionales sorteos organizados por Nicolás Costantini, director de Alimentos & Bebidas, permitiendo que muchos invitados se vayan además con un regalo bajo el brazo. Cerrando el evento, nos adelantó la fecha del próximo mes.

Entre café, petit fours y animada charla de camaredería, la reunión se estiró hasta casi la una y media de la madrugada. Allí nos fuimos con el placer de haber degustado grandes vinos argentinos, en compañía de buena comida y mejores amigos. ¡Esperamos que lo que falta del mes pase volando, para volver a reunirnos el 22 de octubre en otro nuevo Wine Tour!  

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