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Notas Vínicas: Un vino para darse un gustazo

Por Valentina Livolsi (*)

Hace un tiempo, el equipo de Terrazas de los Andes me envió una caja con novedades para probar. Se trata de su nueva línea Terrazas de los Andes Grand, que incluye los varietales Malbec, Cabernet Sauvignon cosechas 2018 y Chardonnay cosecha 2019

Decidí esperar al momento oportuno para probarlos. Di mil vueltas, buscaba la situación perfecta para descorcharlos. Estoy atravesando un punto bastante amesetado en general y creo que muchos lo están también. Será el encierro, será el cansancio, será la locura mundial que acarreamos hace más de un año; pero no daba con “el” momento ideal. Tal vez no podía verlo, seguramente estaba distraída.

Ustedes se preguntarán ¿pero m´hija, no todo momento es especial para abrir un vinito? Bueno, sí. Virginia Lago lo sabe muy bien (ja!) 

Colgué, digamos… Pero en fin, elegí uno de los vinos, y descubrí que casi siempre, ellos son los que hacen de un momento, algo súper especial. No es necesaria tanta parafernalia, en lo simple de poder descubrir su historia, sus bondades y mis sensaciones al conocerlo, alcanza y sobra. El vino te saca un poco de la meseta, ¿no?

El Grand Chardonnay.

Vamos con un poco de historia

La bodega Terrazas de los Andes fue fundada en 1996 por el grupo Moët Hennessy – Louis Vuitton, tras la restauración y puesta en valor de una bodega que llevaba ubicada desde 1898 a los pies del imponente Cordón del Plata, en Perdriel, Mendoza. 

Con el paso de los años, su inacabable compromiso y su equipo de trabajo con experiencia internacional lograron realizar vinos de alta calidad  y cinco diferentes líneas de productos en diferentes segmentos de precios. 

Tienen nueve fincas que se encuentran en las regiones de Valle de Uco y Luján de Cuyo, como Las Compuertas, Altamira, Gualtallary y Los Chacayes; además, cuentan con tres viñedos propios en Cafayate para la producción de su Torrontés. 

La línea Grand refleja la excelencia del terruño y las uvas, la experiencia y sabiduría de su equipo enológico y 20 años de superación día a día. Estos vinos de altura invitan a quienes los conozcan a vivir una experiencia inolvidable, expresando la calidad más compleja de estas tierras y los varietales. 

Según Gonzalo Carrasco, enólogo de Terrazas de los Andes, la línea Terrazas de los Andes Grand es la expresión más pura del varietal y el terroir: “Grand es un fiel reflejo de nuestro expertise de más de 20 años, el manejo sustentable del viñedo y en la artesanalidad en cada uno de sus detalles. Terrazas de los Andes tiene el diferencial de poseer fincas en distintas zonas de Mendoza donde se pueden conseguir diferentes expresiones de Malbec, Chardonnay y Cabernet Sauvignon que nos dan como resultado vinos complejos, elegantes y excepcionales”. 

El vino elegido

Como no me puedo resistir a los vinos blancos, descorche el Grand Chardonnay 2019. Este vino 100% Chardonnay está compuesto por uvas de diferentes altitudes, fincas, suelos y hasta diferentes días de cosecha. Hay mucha magia detrás de estas botellas, muchas elecciones a la hora de vinificar. Toda una alquimia. 

Con origen en Gualtallary (Uco), un 80% de sus vides nacen en Finca Caicayén, con suelos calcáreos, franco arenosos y arcilla. Este terroir aportó a las vides aromas frutales y minerales como también una excelente frescura. Fueron cosechadas el 17 de febrero de 2018. 

Su otro 20%, con uvas esta vez cosechadas en Finca El Espinillo el 15 de marzo de ese mismo año en suelos franco arenosos con parcelas calcáreas, reflejan sabores intensos como el grafito y la pólvora, mucha mineralidad y siempre máxima frescura. 

Estos blancos se cosecharon a mano más tarde de lo normal debido a un  leve retraso en su madurez y por las bajas temperaturas que se dieron al inicio del ciclo. Como no hubo grandes cantidades de lluvia en febrero y buena parte de marzo, la sanidad de los viñedos se mantuvo perfectamente, dando así vinos sanos y limpios. Presentan gran pureza varietal desde el punto de vista aromático. En boca, exhiben frescura y un gran carácter frutal, dado por el nivel balanceado de acidez y la madurez de la uva.

Se hizo una fermentación y añejamiento adicional en barricas de roble francés durante ocho meses, período en el cual se realizó el battonage (durante la fermentación, las levaduras transforman el azúcar en alcohol. Cuando terminan su trabajo, las levaduras mueren y esas células, despacito se van posando al fondo de la barrica o depósito que se use. Estos restos se llaman lías y liberan compuestos como aminoácidos, proteínas y ácidos grasos que aportan al vino sabores, aromas y textura. A veces, algunos enólogos deciden dejar cierta cantidad de estos restos sólidos dependiendo del resultado que busquen, y para ello existen técnicas como el battonage que es remover las lías en la barrica. Esto significa redistribuir el sedimento entre el vino, maximizando el contacto con las células de levadura muertas. Estos compuestos aportan complejidad y hacen a la sensación de sedosidad en la boca o al peso del vino y a sus aromas y sabores distintivos). 

Luego de este proceso, el vino fue clarificado y filtrado para finalmente, ser embotellado en 2019. 

La degustación.

¡Sentidos a la obra!

Al descorchar este «Chardo», me di cuenta que inconscientemente lo esperaba hace mucho tiempo. Fue un ritual, un momento solo para mi, mis papilas gustativas y mi nariz recibiendo mensajes químicos, clasificando moléculas… Bueno me copé. Me calmo. Total parcial: una locura. Total general: te amo, Chardonnay. (Perdón, Julio, permiso para adaptar el capítulo 93 la nota).

En vista, atrapa por su color amarillo con destellos verdosos muy sutiles. En nariz, abundan los aromas florales y frutales aportados por los diferentes terroirs, tales como flores blancas, jazmín y azahares. Frutas como pomelo, de hueso como duraznos y damascos. Se descubren notas delicadas a vainilla y anís de su paso por barrica. En boca, la mineralidad amalgama con sensaciones a grafito. Todo esto y lo vuelve un vino punzante y sedoso, fresco y de excelente cuerpo y final. Su acidez es armónica, liviana. Divino todo. 

Moraleja, beban. Mucho. prueben, aprovechen esos momentos en que el corazón y las conexiones nerviosas imploran por un vinito. Casi siempre, los momentos son eso, momentos. Fugaces o no, con un vino, alguien al lado, solos, una historia detrás y una que comienza… Nada puede fallar. 

¡Salud!

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