Por Yeny Ortega Benavides (*)
Si tuviéramos que usar una palabra para definir a Córdoba hoy en materia de vinos, sin duda, sería “identidad”. Ese fue el concepto transversal, el hilo conductor, el punto en el que coincidieron los más de 30 productores, enólogos, ingenieros agrónomos y bodegueros participantes de la 2ª edición de Vino Córdoba, La Feria, el evento que este sábado congregó a protagonistas y fanáticos del vino cordobés en un mismo lugar.

Tras recorrer cada uno de los 31 stands estratégicamente organizados por zonas vitivinícolas de la provincia, puedo decir que, con una base sólida y un enorme camino recorrido, Córdoba está hoy en una nueva etapa, la de los vinos auténticos, honestos, de baja intervención y, sin hacer referencia a los métodos o cuestiones técnicas, más naturales.
Pluralidad de zonas
Córdoba, además de diferente, es única. Tiene regiones tan variadas, diversas y con características tan diferentes que eso, indefectiblemente, se traslada a sus vinos.
La región de los Grandes Lagos, con su crisol de climas y culturas, ostenta un paisaje fresco, fundamental en el proceso de sus vinos que llevan inmersa la frescura del río y la magia de sus brumas como el Sauvignon Blanc de Estancia Las Cañitas, del enólogo Gaby Campana.
“Nuestros vinos se caracterizan por la frescura que les dan las sierras que nos identifican, el aroma. Nuestros vinos son serranos”, destaca Campana en diálogo con Circuito Gastronómico.

“Esa fruta creció en un paisaje, pero la plantó y la cuidó la gente. Y todo tiene que ver con todo. Los vinos no son solo lugares. Los cordobeses tenemos una tonada, una hospitalidad innata en nuestra sangre y eso se transmiten a los vinos”, remarca. “Por eso hasta hay atributos del vino que no dejan de ser atributos que también se aplican a las personas”, añade.
Esa misma cosmovisión la comparte Dani Mansilla, ingeniera agrónoma y enóloga al frente del proyecto Patente X, ubicado Colonia Caroya (Sierras Chicas), en la denominada Región Histórica.
En dicha zona se encuentran viñedos de más de 30 años con las características del Pedemonte. “El terroir no solo se expresa en el suelo o en el clima, sino también en la historia viva de su gente”, defiende Mansilla. Por eso, probar su Pinot es tomar un sorbo de esa historia, de la identidad marcada, de cómo vive la gente en ese barrio rural de Colonia Caroya llamado Tronco Pozo, como su vino.
“Hemos logrado una diferenciación en relación al resto del país. Hoy nadie nos compara con otra región porque somos diferentes, y eso es lo que queríamos”, destaca. “Lo que hoy nos distingue es la identidad, la identidad recontra marcada que tiene la provincia, que es lo que nos hace realmente distintos del resto”, añade.

En la misma región, pero más al norte, los vinos de Bodega Del Gredal también dan cuenta de esa historia, de esas características únicas que les otorga el cordón de las sierras con sus otoños húmedos y clima templado de vientos y brisas frescas, y eso si que se percibe en su Misitorco Pinot Noir.
En la zona de Traslasierras, en tanto, nos reciben plantas que atraviesan grandes sequías, y que han encontrado en la generosidad de la tierra y el conocimiento de su gente, las condiciones ideales para la producción orgánica y biodinámica como la de los vinos de Estancia La Matilde, vinos complejos como su Blend Esperando los vientos, un vino distinto, complejo, innovador, que invita a sumergirse en su misterio y disfrutar de una nueva forma.
“La certificación de lo orgánico y biodinámico es un laburo tremendo. Hay mucho trabajo de la persona acá en Córdoba, no hay grandes financistas, no hay capitales extranjeros como en otras provincias. Todo sale del bolsillo y el lomo de cada uno de esos productores”, destaca a Circuito Gastronómico Marcos Francisca, sommelier, bartender, docente y hombre de vinos.
Sin maquillaje
Córdoba hace vinos sin maquillaje. Vinos que ya no miran a la Cordillera, vinos con menos intervención, vinos a los que los han dejado ser.

En las copas de esta provincia ya no se encuentra la “lencería de la madera” que disimulaba acertadamente cualquier desperfecto. Los vinos de la provincia se muestran al desnudo, a plena luz del día. Se contonean en las copas como diciendo “acá estoy, puedo gustarte o no, pero soy esto”, y esa me parece la ganancia más grande de tantos años de trabajo e historia.
En síntesis, podría decir que los vinos de córdoba están en un gran momento. Pero lo mejor de todo, es que lo mejor está por venir.
Mis cinco destacados
5. Esperando los vientos Blend – Estancia La Matilde
4. Vórtice Naranjo Sauvignon Blanc – Estancia Las Cañitas
3. Naranjo de Verduç – Patente X
2. Malabar Sauvignon Blanc – Bodega Río del Medio
1. Sin apuro Isabella natural – Slow Wines
Sobre la feria
Vino Córdoba, La Feria fue la segunda edición de un evento que reúne a productores, emprendedores, enólogos y fanáticos del vino.
Durante cinco horas, 31 bodegas de distintas regiones vitivinícolas de la provincia presentaron sus vinos y compartieron detalles sobre sus procesos, etiquetas y proyectos.

El formato de feria permitió un contacto directo entre el público y quienes están detrás de cada botella, generando un espacio de diálogo, degustación y encuentro.
El evento fue organizado por Córdoba Wine Travel y Pulpería Cordobesa y contó con el acompañamiento de la Agencia Córdoba Turismo.
“Córdoba participa muchas veces de ferias, pero nunca es protagonista ni anfitriona. La idea era que acá los anfitriones fueran los vinos de Córdoba, narrados por sus propios protagonistas. Nos hace muy felices porque nuestro objetivo era contar lo que hay en nuestros valles, los vinos de nuestras regiones y de nuestras geografías”, dijo a Circuito Gastronómico Laura Gissara, del equipo de Córdoba Wine Travel.
“El año pasado salió muy linda y el desafío de esta segunda edición era que el evento pudiera sostenerse año tras año, que las bodegas puedan traer sus novedades, presentar sus vinos nuevos y que este sea el punto de encuentro anual para celebrar, aprender, profundizar, probar y descubrir los vinos de Córdoba”, añadió.
(*) Periodista Gastronómica.









