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“Chivito” (que no es chivito), miniaturas y más: qué se puede comer en Montevideo (Uruguay) y cuánto cuesta

Por Vanina Boco (*)

Hacer una escapada de unos días es realmente reparador y necesario. Sobre todo si al cruzar el charco, tenés un país como Uruguay tan hospitalario, con muchos lugares para visitar ¡y con una muy buena gastronomía!

Desde Córdoba, no hace falta ni pasar por Buenos Aires, te podés ir en auto o en un colectivo que sale dos veces por semana, entra por el puente de Fray Bentos y llega a Montevideo a primera hora de la mañana. Esta última fue la opción que elegí para disfrutar unos días en el país vecino.

Una de las vistas de la ciudad.

Turismo urbano: ¿qué hacer en la ciudad?

Montevideo, la capital de Uruguay, está repleta de sitios históricos, una arquitectura destacada y una costanera (o “rambla”, como le llaman los uruguayos) de casi 30 kilómetros que da una vista increíble a ese Río de la Plata que nos hermana. Ideal para largas caminatas o hacer deportes náuticos.

Entre los lugares imperdibles están el casco histórico, con el monumento y el mausoleo del héroe nacional José Gervasio Artigas, la puerta de la “Ciudad Vieja” que quedó de cuando Montevideo estaba amurallada, el Teatro Solís y el Palacio Salvo, que tiene un mirador de 95 metros de altura desde donde se puede apreciar una panorámica espectacular de la ciudad. Todo eso se puede recorrer en pocos metros, rodeando la Plaza de la Independencia.

¿Y para comer?

La gastronomía uruguaya también tiene su encanto aunque, por supuesto, compartimos el amor por el asado y otras comidas tradicionales.

Pero tenemos diferencias, hay que decirlo, y una de ellas la descubrí cuando visité el Bar Facal, un clásico del Centro de Montevideo cuya creación data de 1882. Allí me ofrecieron probar su plato estrella: el “chivito”. Ya estaba preparada para disfrutar de un rico chivito a la parrilla, cuando me trajeron un sándwich, ¡muy parecido al típico lomito cordobés! 

El "chivito".

Resulta que así la llaman a esta carne fina (de vaca), que se sirve entre dos panes esponjosos y viene con tomate, lechuga, panceta, jamón y muzzarella para su versión “Carlos Gardel” ($ 1850) y que además incluye palmitos, rúcula, morrón y aceitunas en su versión “Facal” (que cuesta $ 2150). 

Salvada la confusión, es un sándwich súper recomendable, con sabores bien presentes y frescos. El plus lo aportan las papas, tipo las de paquete, pero hechas ahí mismo, cortadas en finas láminas y con el crunch perfecto. El bar: un emblema de la gastronomía uruguaya que hay que visitar sí o sí.

Cena de mar y de río

Para la cena, me dirigí hacia otro punto de la ciudad, al coqueto barrio de Carrasco donde se encuentra Magnum, un restaurante con una propuesta distendida, con sillones, a la luz de las velas, y gastronomía enfocada en el sushi, en otros platos con pescados y también pizzas y hamburguesas. Ideal para la salida con amigos.

Sushi en Magnum.

De entrada probé las “miniaturas” que son pequeños bocados de pescados blancos, la mayoría apanados ($ 2340). También había empanaditas de pulpo y de salmón y guacamole ($ 2210), brusquetas y rabas ($ 2340 cada porción). 

Luego, con bengalas y gritos, llegó un barco con todas la variedades de sushi de la casa (de 60 piezas a $ 15300, para unas 20 personas). Un diez para los mozos y mozas que le ponen toda la onda. Y que, con la misma algarabía, también trajeron el postre: cremoso de maracuyá y cheesecake de Toblerone ($ 1325 cada uno). ¿La bebida? Vinos locales de la cepa emblema de Uruguay: el tannat.

El detalle del postre.

Si Gardel es argentino o uruguayo, si el mate es argentino o uruguayo, poco importa. Acá lo importante es que, cruzando el charco hay mucho por recorrer, conocer y saborear

(*) Lic. en Comunicación Social, especializada en Turismo.

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