Así fue el Wine Tour con Casarena

septiembre 15, 2015
Bebidas

 

La bodega presentó una selección de sus productos más emblemáticos, de la mano de la sommelier Dana Fernández. 

 

(*) Por Roberto Colmenarejo

El pasado jueves 27 de agosto estuvimos disfrutando nuevamente del Wine Tour Sheraton por cortesía del Director de Alimentos & Bebidas del Hotel, Nicolás Costantini.

El Wine Tour es ya un clásico absoluto del mundo enófilo de Córdoba. Allí se reúnen más de cien personas todos los meses para disfrutar de la buena mesa, los buenos vinos y los buenos amigos. Participar de estas reuniones es siempre un placer en todos los sentidos.

En esa oportunidad, la novel Bodega Casarena presentó una selección de sus productos más emblemáticos, de la mano de la encantadora sommelier Dana Fernández

La recepción comenzó con aperitivos en forma de “miniaturas saladas”; todas muy creativas y apetitosas (riquísimas las croquetas de papas, el keppe cocido y los pinchos de molleja crocante sobre salsa criolla picante). Para acompañar estos bocados se sirvió el 505 Rosado 2014 ($75), un sabroso vino rosado elaborado con uvas Malbec y Cabernet Franc, pleno de frescura y recuerdos frutales. Este vino acompañó muy bien los appetizer, respetando el sabor de los alimentos.

Mientras iban llegando los invitados, la bodega aprovechó para presentar y degustar su nueva propuesta de vino en envase “bag-in-box” de 3 litros, el 505 Malbec 2014 ($225), un tinto de perfil juvenil y afrutado. El tiempo dirá si los consumidores locales adoptan este nuevo formato, sin dudas muy versátil, pero que todavía no termina de seducir a los más conservadores.   

Luego de una recepción que se prolongó demasiado llegamos a las mesas donde nos esperaban platitos con panes de elaboración casera. Confieso que no pude resistirme a pesar de que el protocolo diga que estos no deben comerse hasta empezar con la cena.

Ya sentados, el primer tiempo fue una selección de “quesos, carnes curadas y sus tártaras”, una combinación original y ligera preparada con salazones caseras de alta calidad. Fue servido junto al Ramanegra Estate Sauvignon Blanc 2014 ($110), un blanco mendocino con aromas sobrios de buena tipicidad varietal, que se mueven entre cítricos y herbales. En boca es vivaz y sabroso, con acidez vivaz y persistencia media. El maridaje planteado fue realmente interesante, pues los sabores potentes y acentuados (ácido de los pickles, salado de los fiambres y fuerte-picante del queso de cabra) fueron soportados sin inconvenientes por la frescura del vino blanco.

La cena continuó luego con una “merluza negra, crema de maíz y ceviche”, un plato creativo y gustoso, con el pescado cocido levemente y unos agradables matices picantes. Aquí se sirvió el Ramanegra Reserva Cabernet Sauvignon 2012 ($160), un tinto de perfil moderno y trago amable. Ofrece nítidos aromas de frutas negras, sensaciones terrosas y un sutil impacto del roble, que se percibe en forma de trazos avainillados y tostados. Al degustarlo es sabroso, fluido y de cuerpo medio, redunda en sensaciones maduras, con equilibrada acidez, taninos firmes y moderada permanencia. Si bien la combinación plato-vino fue agradable, me parece que el segundo tapó un poco los sutiles sabores del pescado escogido.  

El tercer tiempo fue un “lomo de ternera, praliné, crema de zanahorias y puré de hongos”, una preparación clásica y contundente, con carne vacuna de gran terneza y en un excelente punto de cocción, más el contrapunto de una guarnición levemente dulce. Se ofreció aquí el Casarena Lauren’s Vineyard Petit Verdot 2011 ($290); un gran tinto proveniente de una parcela única en Agrelo, que combina la enjundia y rusticidad del cepaje Petit Verdot con la mano hábil del enólogo para la crianza en roble, dando lugar a un vino elegante y representativo. Tiene aromas especiados, balsámicos -regaliz, anís, mentol- y algo frutales; que dan paso a una boca voluminosa, de entrada seca y paso sedoso, con balanceada acidez y taninos bruñidos que sostienen una larguísima persistencia. Aquí la armonía funcionó a la perfección, pues los sabores impetuosos y definidos del plato se combinaron con sensaciones similares en el vino. ¡Exquisito!

Finalmente, el colofón dulce fue una composición de “frutas rojas, chocolate blanco y crocante de almendras”, un postre atractivo y complejo, aunque un poco empalagoso para mi gusto. Este último paso se acompañó con el Casarena Extra Brut ($120), un espumoso delicioso y refrescante, vinificado por el método Charmat con un original  ensamblaje de uvas Sauvignon Blanc, Chardonnay y Viognier. Regala una nariz seductora y fragante, con matices de frutas blancas, flores y miel; que dan paso a una boca amable y vivaz, de sabores afrutados, con acertada acidez, burbujas delicadas y grata permanencia. Desafortunadamente, la fuerte impronta dulce del postre “escondió” un poco los diáfanos aromas/sabores que el espumoso ofrecía.  

La cena concluyó con los ya tradicionales sorteos, para que muchos de los invitados se fueran además con algún regalito bajo el brazo (vinos de la bodega, joyas de Vanesa Duran, vouchers de Sushi Soul, etc.).

Promediando la una de la madrugada llegó el café con una refinada selección de petit fours, extendiendo así la charla por unos minutos más. Cuando los relojes marcaban la una y media, nos retiramos del hotel muy satisfechos de la experiencia vivida.

¡Hasta el próximo Wine Tour, nos vemos el 24 septiembre!  

(*) Sommelier y docente – robertocolmenarejo@hotmail.com

 

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